viernes 13 de enero de 2012

El Preferido de Palermo, refugio de portenismo olvidado.

Mi tío Ernesto es sociólogo, peronista, tanguero e hincha de Racing, socio vitalicio para más datos, lo que se dice un tipo sufrido…El fue quien me llevo por el camino de la Gloriosa Academia. Un tipo que sabe valorar y luchar por el rescate de valores ya pasados de moda como el valor de lo porteño, del rioba, del fulbito y todo aquello que haga a la identidad de lo porteño. Recuerden la triada – Racing, tango y Perón – ósea, un tipo hecho para sufrir.

Mi tío Ernesto un día resolvió dejar el barrio que lo vio crecer, que también fue el de mi primer infancia, hablamos de Congreso. Busco su refugio en lo que era Palermo viejo, y digo era, porque ya nada es lo que era….o poco queda de ello. Hoy es Palermo Hollywood, Palermo SOHO o quien sabe que otras clasificaciones esperan en el futuro. El se fue a esa franja urbana que esta entre Plaza Italia y Villa Crespo. Mi tío Ernesto hoy masculla indignado por lo bajo que le cambiaron el barrio….

En medio de ese barrio hoy lleno de extranjeros, diseño vintage y bares (por suerte cerraron Malas Artes, siempre lo deteste… oh justicia divina!) esta el Almacén El Preferido de Palermo, El Preferido para los de siempre. Noble sobreviviente de la vieja estirpe de almacenes que alguna vez atendido por inmigrantes, a sobrevivido a esta vorágine recicladora de espacios de historia y recuerdo.

El día viernes pasado decidimos juntarnos por allí. La compañía era mas que la correcta, Geo y Nico, amantes de la identidad porteña, viejos compañeros de vinos y estudios, gente de bien y de apetito generoso.

Al sentarnos nuestras cabezas parecían en un partido de tenis, pa un lado, pal otro….. afuera la canícula de Enero apretaba con sus 38 a la sombra. Comenzamos con un Gancia y su respectiva picada. El ver como lo servían ya me dio la pauta de que ciertas costumbres en lugares como el Preferido no se pierden. Vaso tubo, vacío, sin hielo, Gancia que cae desde su botella original hasta la imaginaria marca de los 2/3. El hielo que espera fuera, el limón recién cortado que amenaza y el sifón, si el sifón con su chorro frío y justiciero para evitar una rápida subida del aperitivo a un cerebro deshidratado.

El primer pedido fue certero: matambre con ensalada rusa, le siguió un sándwich de cantimpalo, si CANTIMPALO….escuchaste muy bien…

La milanesa de peceto colmo un apetito abundante donde los bacantes nos miramos complacidos ante el lugar de reunión. Como el Gancia ya se había acabado, una copa de Norton – otro clásico – refrescado con hielo según vieja indicación del cocinero Dumas, quien decía que no había bebida más porteña que el vino tinto con hielo. Así fue como esa refrescante bebida facilitó el descenso de semejante platillo. La cuchipanda llegaba a su fin cuando Nico ordeno una provoleta……fue el acabose.

Sin embargo aun faltaba el bis, es pieza que todos piden cuando el espectáculo amenaza con cerrarse, y allí llego el fresco y batata……

Nuestros espíritus reconfortados clamaban por la contención del plano horizontal. Una siesta sin limites se imponía. Mi alma y estomago saciados del Buenos Aires querido no dejaba de imaginar a mi tío Ernesto en el Preferido de Palermo, refugio de su antiguo barrio, bastión de lo que debemos cuidar y defender de nuestras costumbres.

Larga vida al Preferido de Palermo!