martes 16 de agosto de 2011

Que tienen en común Túnez, Egipto, España, Londres o Chile? Una visión global sobre los determinantes sociales o las “causas de las causas”.

Cuando en 2005 la OMS le encargo a Sir Michael Marmot la dirección de la Comisión de Determinantes Sociales de la Salud la conclusión de que las desigualdades sociales en salud eran consecuencia de las desigualdades que surgían de la vida diaria, fundamentalmente inequidades de poder, económicas o de recursos, era bastante imaginable. Quizás lo que muchos no se imaginaron era que solo unos años después de publicado este informe, que de alguna manera posiciono al Reino Unido como la meca de “los determinantes”, era que íbamos a asistir a los días de furia que acaban de finalizar hace solo unos días en el propio Londres.

Las desigualdades en la salud de alguna manera surgen porque son un reflejo de las desigualdades de la sociedad. Las condiciones en las cuales las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen. Por eso se las conoce como las causas de las causas.

Esas condiciones fueron las que llevaron hace unos meses a que un joven se inmolara en las calles de Túnez y que las revueltas se extendieran a otras sociedades donde la brecha de desigualdad es enorme como la egipcia, o que se ocupara de una manera mas civilizada la Plaza del Sol y menos civilizadamente se quemaran y saquearan comercios en los barrios londinenses. Hoy asistimos a revueltas estudiantiles en Chile.

En definitiva, vemos como las sociedades se manifiestan frente a un modelo “global” de desigualdad. Un modelo, donde el crecimiento económico de los últimos treinta años no ha hecho más que acrecentar el grado de desigualdad de las sociedades. Un modelo donde hoy se empieza a hablar, de un modo aun muy teórico, del grado de bienestar de la población como indicador de prosperidad y no solo de Producto Bruto Interno.

El Reino Unido hace exactamente un año publico, también con la guía de Marmot, su informe Sociedades justas, vidas saludables, donde pone el acento en la necesidad de que la reducción de las desigualdades es vital para la economía de un país. Hoy asistimos a un momento donde las tensiones y conflictos aumentaron de la mano de la incertidumbre por el rumbo económico mundial. Donde la hambruna se vuelve a hacer presente como lo hizo públicamente hace 30 años y como ha seguido en menor escala de la mano de conflictos étnicos, movilización de refugiados o sequías hasta la actualidad.

La reducción de las desigualdades o la desaparición de las hambrunas es una cuestión de justicia social, y de eso somos responsables todos. Los gobiernos, la sociedad civil participativa y comprometida y el sector privado. Será la única manera que a Túnez, Egipto, Londres, España o Chile no le sigamos sumando nuevos escenarios.