Cerrando circulos en Venecia
Septiembre de 1995 – Primer viaje a New York, primer viaje “lejos”, lo anterior había sido Costa Rica o Brasil, pero nunca tan lejos hasta ese momento. Se acercaba el mediodía pasado y Eduardo me dice que queres comer? Mi respuesta no se hizo esperar, comida italiana. En ese momento me alojaba en el hotel Saint Moritz de Central Park South y la 7ma Avenida, conocida como Avenida de las Américas. Decíamos comida italiana verdad? Bien, la respuesta fue, OK ponete un saco y nos juntamos en el lobby.
No hizo falta mas que caminar media cuadra cuando entramos en un ambiente, cerrado, mas que cerrado privado, mas que privado selecto. La barra estaba casi llena, solo había espacio pata nosotros. Hubo un par de cuestiones que me llamaron la atención. La iluminación a media altura sobre la pared en pares de lámparas que transmitían una luz color tenue y cálido. Mesas redondas no aptas para mas de dos/tres personas con sillas que te atesoraban, te contenían como dos brazos que envolvían tu espalda, todo en una medida altura y un color de madera, material noble si los hay y preferidos por mi, en un color oscuro. Los manteles eran de un suave color amarillo y los mozos vestían una casaca blanca inmaculada. Quien nos recibió se apellidaba Cipriani, como el lugar.
Eduardo me sugirió probar el trago del lugar. Confieso que a los 28 que tenia en ese momento, solo me sabían bien determinados vinos y poco mas. Me conto la historia del trago. Era un invento local, de alguien así como el abuelo de quien nos había recibido, un tal Giuseppe que estaba hecho en base a Prosecco, jugo de duraznos y el encanto del lugar local, su nombre: Bellini, a posterior marca registrada del lugar. En ese momento solo estaba el lugar donde estábamos, uno nuevo en el Soho, mas al sur sobre West Broadway y el originario Harrys Bar de Venice en el Veneto italiano.
En los años siguientes, pude invitar a Albert Levy por cortesía de mi Corporate,lo que no daba la corporate y que la publicidad diria "priceless" fue que nuestro mozo era paciente de el, imaginense como cenamos..... con Eduardo compartimos con un periodista apellidado Grondona algún almuerzo de domingo en la sucursal del Soho, también fui solo allí a regalarme mas de una comida solitaria, recuerdo el Osobucco con risotto......y también allí di mi primer paso de emancipación cuando me preguntaron si vivía en New York, a lo que respondí, con un seguro “no todavía….”
Mas tarde y de la mano de otro periodista apellidado Neustadt, al que pude conocer en un post operatorio cardiaco, Cipriani apareció en Buenos Aires. Era la época en que pertenecíamos al primer mundo. Ibamos de la mano de un avión estratosférico que nos llevaría en cuestión de horas a Japón si mal no recuerdo…..
Al tiempo que se apagaban los humos del avion estratosferico y desaparecia el Dolci del Bullrich y el Cipriani de calle Posadas, la guía Zagat aseguraba que Cipriani es un “power restaurant”…..en fin….que la fauna y flora es digna de ser observada y eso que me reservo alguna que otra anécdota vivida allí….
Junio de 2011 – En Venecia, mi segundo viaje a esta postal de ciudad y coincidiendo con la inauguración de la Bienal decidí cerrar el circulo. Ir a donde todo había comenzado. Ya no valían el Cipriani Dolci que alguna vez hubo en el Patio Bullrich, ni el reducido Cipriani informal que se abrió frente a Gran Central Station en New York y tantos otros que hoy pueblan la Gran Manzana. Hablo del Harry’ s, del originario, el mismo donde paraba y de verdad que lo hizo Hemingway o donde Toscanini firmo su libro de ilustres. Allí entramos, como diciendo aquí estoy yo y eso que hoy no me tome un garombol,... donde hay mesa o mejor dicho, tavola per due per gentileza? Como era de esperar no había una fucking mesa libre, y ya la barra estaba full, vamos, que no había donde ubicarse……pero como el que la persigue la consigue o la sigue persiguiendo de por vida…….una mesa se libero muy rápidamente, y fue conquistada en un santiamén.
Los Bellinis iluminaron la madera oscura del plano. Mi chica no entendía, solo me miraba atónita intentando imaginar que pasaba por mi cabeza. Un círculo se cerraba. En medio de eso, un divorcio, un exilio académico, una bancarrota económica, un departamento único, la gloria y el ocaso, un master y un doctorado, un segundo matrimonio y un glorioso hijo, una vida en medio de todo eso y claro, alguna que otra estrella hollywoodense compartiendo Bellinis en el Harrys Bar de Venice. El circulo se cerraba….y eso es solo parte de lo que puedo contar que pasaba por mi cabeza, el resto? El resto esta en movimiento en mi cabeza y me lo guardo para los próximos Bellinis.
A tu salud Giusseppe!

